Historia

El 6 de abril de 1943, el Sindicato Nacional de Trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social vió la luz primera. Su nacimiento, no pudo estar desligado de los hechos y acontecimientos que le dieron origen.

En el panorama internacional, aún podían percibirse los humos devastadores de la Segunda Guerra Mundial que fueron capaces de transformar los conceptos de los Seguros Sociales nacidos en Alemania en los años ochentas del siglo antepasado, por los de una Seguridad Social capaz de crear organizaciones más humanas y más justas en un mundo donde, al lado de la libertad y la dignidad de los seres humanos, se terminara con el temor y la incertidumbre, se crearan oportunidades de trabajo para todos, y se obtuviera un progreso económico que garantizara a toda sociedad, paz, seguridad, bienestar y felicidad.

Fue así como el 20 de noviembre de 1942, Sir William Beveridge en Inglaterra, sometió al Gobierno Británico su Informe sobre el Seguro Social y sus servicios conexos, a través del cual se pretendía procurar, a los seres humanos, seguridad en sus ingresos y protección frente a la indigencia.

En dicho informe, Beveridge definió a la Seguridad Social como el mantenimiento de los ingresos necesarios para la subsistencia, a fin de impedir la indigencia ante cualquier circunstancia de la vida. En su plan, enfatizaba que la liberación de la indigencia no podía ser impuesta ni obsequiada a una democracia, sino que ésta debería conquistarla día a día.

A fin de abolir la indigencia, señalaba que había que combatir frontalmente lo que él llamaba los cinco males gigantes: las enfermedades, la ignorancia, la insalubridad, la ociosidad, y la miseria.

En el plano nacional, las ideas de Beveridge encontraron un eco positivo, porque supieron recoger las legítimas aspiraciones de un pueblo azotado por los cinco males gigantes que lastimaban su dignidad y limitaban su lucha para alcanzar un desarrollo positivo y equilibrado, una justicia que permitiera universalizar a toda la población el disfrute de los beneficios del progreso, y un proceso redistributivo del ingreso nacional que, basado en la solidaridad, única fuerza social capaz de garantizar la unidad, la paz y el bienestar de todos, hiciera realidad los más caros anhelos de los mexicanos. La nueva concepción de la Seguridad Social, que no era producto de meras especulaciones de tratadistas, o de hombres de Estado, caló profundamente en nuestro medio.

Cercanos estaban aún a fines de los años treinta y principios de los cuarenta, los ecos revolucionarios que iniciados en 1910 contra el Régimen Dictatorial del General Porfirio Díaz, culminaron con la promulgación de la Constitución de 1917, en cuyo Artículo 123 fracción XXIX, quedó plasmada como parte de la legislación laboral, la consideración como de utilidad social el establecer Cajas de seguros populares de invalidez, de vida, de cesación involuntaria del trabajo, de accidentes y de otras con fines análogos, por parte del Gobierno Federal y los Gobiernos de los Estados, a fin de difundir e inculcar la previsión popular.

De ahí el gran valor que tuvo la creación del Sindicato, y el respeto y la admiración perennes que se deben a los 36 fundadores que ese 6 de abril de 1943 firmaron su Acta Constitutiva, durante la reunión en la que fueron electos su primer Secretario General, el Profesor Ismael Rodríguez Aragón, y los integrantes del primer Comité Ejecutivo Nacional. El día 10 de junio de 1943, fueron aprobados los Estatutos que inicialmente contuvieron 55 artículos y 3 transitorios. El primer Contrato Colectivo de Trabajo, se firmó el 1° de septiembre de 1943, A la fecha de su registro el Sindicato contaba con 60 socios.

La escasez de recursos con que el Instituto empezó a funcionar, obtuvo de los primeros trabajadores apoyos a veces heroicos. Salarios escasos y en ocasiones pagados con rezago, fueron pacientemente soportados, hasta en tanto se logró la estabilidad financiera del Instituto.

Inmediatamente después de que los servicios médicos empezaron a otorgarse a partir del mes de enero de 1944, la Institución no contaba con edificios propios para impartirlos. Hubo que alquilar y adaptar inmuebles con la consiguiente incomodidad tanto para los trabajadores como para los enfermos. En las casas de algunos de los trabajadores, se cocinaban los alimentos para los enfermos internados y/o se cosían fundas y sábanas para las camas hospitalarias. Todo era hecho con una gran convicción, con una fé inquebrantable en la Institución, y con un profundo espíritu de servicio.

El apoyo que los trabajadores sindicalizados otorgaron al Instituto pronto, empezó a rendir frutos. Al inicio de la gestión del Doctor Flores Aparicio había ya 1843 trabajadores.

El día 2 de septiembre de 1946, el Doctor Flores Aparicio renuncia a la Secretaría General del Sindicato, por lo que de conformidad con sus Estatutos, ocupó dicho cargo el Doctor Alfonso González Padilla, quien inmediatamente después de su toma de posesión tuvo que enfrentar un grave conflicto por los bajos salarios que percibían los trabajadores, y por las continuas violaciones que por parte de las autoridades del Instituto sufría el Contrato Colectivo de Trabajo en vigor.

Por ese motivo, y ante la falta de respuesta a los continuos reclamos formulados por el Sindicato, en Asamblea extraordinaria celebrada el 26 Agosto de 1946 se acordó emplazar a huelga a la Institución, por lo que el 3 de octubre de ese mismo año, ante la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, se presentó al Instituto el pliego petitorio, que al no satisfacerse en el tiempo estipulado, provocó el estallamiento de la huelga a las 8:00 de la mañana del 19 de octubre, en la que participaron todos los trabajadores de las distintas dependencias del Instituto, incluyendo al Distrito Federal, a Guadalajara, a Puebla y a Monterrey.

La huelga, fue declarada inexistente por la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje 24 horas después, por lo que los trabajadores reanudaron de inmediato sus labores, no sin antes haber demostrado la unidad y la conciencia sindicalista que les animaba, al apoyar a su Comité Ejecutivo Nacional, acudiendo en masa a una muda manifestación de repudio que, por las calles de la Ciudad de México se llevó a cabo el 23 de octubre de 1946, durante la cual el sector femenil del Sindicato marchó ataviado con atuendos negros, significando pesar y luto por la decisión de las autoridades laborales.

El 3 de julio de 1947, fué electo el nuevo Comité Ejecutivo Nacional de nuestro Sindicato, Comité que fue presidido por el Doctor Rubén Efrén Beltrán. Entre el 16 y el 19 del mismo mes de julio, las oficinas sindicales fueron trasladadas a la calle de General Prim número 37, para después ser nuevamente ubicadas en la esquina de las calles de Zamora y Montes de Oca. Durante su gestión, fueron reformados los Estatutos del Sindicato para agrupar a los miembros de la Organización en Subdelegaciones, Delegaciones y Secciones, señalándose al Comité Ejecutivo Nacional como ejecutor de las directrices del Congreso Nacional. Se integraron las Delegaciones por Centros de Trabajo, y se legalizó la estructura y función de las Secciones Sindicales. Se proyectó y realizó nuestro escudo sindical así como nuestro estandarte.

El día 16 de marzo de 1951, se inauguró la primera tienda CEIMSA en el local del Sindicato, para que con el crédito otorgado a los trabajadores a través de vales descontados quincenalmente, ellos pudieran hacer sus compras. Su órgano informativo se llamó Seguridad Social, nombre que persiste hasta la fecha.

La Seguridad Social y su Instituto, se convirtieron así en poderosos instrumentos del progreso del país, y sus trabajadores, organizados en un Sindicato fuerte y progresista, se constituyeron en el medio humano más idóneo para hacerla realidad.

En sus primeros veintiocho años de vida, se desarrollaron varias etapas fundamentales. Su nacimiento fue doloroso y difícil como que surgió de un parto complicado, pero sus trabajadores y su Sindicato, concientes como estaban de la profundidad y la trascendencia que su aplicación tendría no sólo para el bienestar y la felicidad de millones de mexicanos, sino para el desarrollo sostenido de la Nación, no vacilaron en defenderla de los embates de sus enemigos a costa de grandes sacrificios y de serias amenazas para su seguridad personal y aun para la de sus propias vidas. Prolijo sería enumerar aquí, los numerosos ejemplos de su entereza y entrega a una obra intensamente humana, tan intensa y tan humana como su propia vida.

Las viejas casas y edificios que se subrogaron para empezar a dar servicios a la población derecho-habiente, fueron paulatinamente substituidos por una infraestructura propia; sus procesos administrativos y financieros se fueron perfeccionando; su organización y funcionamiento lo hicieron igualmente, y sus trabajadores, cada vez con mayor capacidad, ahínco y experiencia, con mayor conciencia de la importantísima misión que México les había confiado, y con un gran sentido de responsabilidad social y humana, se convirtieron en verdaderos baluartes de la salud y el bienestar de la población a la que debían servir, así como en generadores de tranquilidad, de paz y de armonía, aquellas que después de una etapa cruentamente dolorosa, el país necesitaba para crecer y fortalecerse.

MISIÓN

Salvaguardar los derechos de los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social. Adicionalmente, contribuir con todo aquello que sea necesario para el fortalecimiento del Instituto y que siga siendo el máximo prestador de servicios de salud donde la calidad y la prontitud de los mismos sean una constante.

 

VALORES

  • Honestidad
  • Solidaridad
  • Sacrificio
  • Transparencia